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Finalizada la última fecha del torneo insular (ver aquí >>), los socios disfrutaron de un agradable almuerzo en los bosques de Chío. Para alimentar a los extenuados deportistas (y sus respectivos padres), hubo que lamentar un genocidio de vacas, cerdos y pollos en varias granjas de la isla, además de recurrir a un distribuidor mayorista de embutidos, quesos y bebidas varias. Un par de comensales casi sufren un infarto estomacal, mientras que varios mas tuvieron que remediar a una fuerte indigestión; a pesar de ello aún tuvieron fuerzas para ingerir los postres y dulces que aparecieron a media tarde, especialmente la torta de cumpleaños de Juan Pablo. Un aplauso a los cocineros (Juan, Roberto y Jesús), enhorabuena a las madres y socias que organizaron tan maravilloso cierre de temporada. A ver cuando repetimos!
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